Coaching somático: qué es, cómo funciona y cuándo elegirlo en lugar de la terapia
El coaching somático es un proceso que integra el cuerpo al trabajo de cambio personal. En vez de solo hablar de tus patrones de comportamiento, se trabaja con las sensaciones corporales, la respiración, la postura y el movimiento que sostienen esos comportamientos mientras están pasando.
Recuerdo que cuando descubrí el trabajo somático, estaba muy mal. Estoy segura de que leyendo esto, puedes imaginar en tu propia vida todas las veces que has estado en un punto de incomodidad o molestia, ya sea emocional, mental o física, tan intenso que finalmente te impulsa a buscar la manera de aliviarla. Solemos buscar ayuda o alivio solo cuando algo se comienza a sentir insostenible.
Allí estaba yo, con la tríada en rojo. Mi mente muy ansiosa, pensamiento en espiral, escenarios fatalistas y completamente alerta. Mis emociones se sentían como olas gigantes que no paraban de llegar y caer una tras otra, yo intentando nadar para sacar la cabeza y respirar antes de la siguiente. Y mi cuerpo estaba tenso todo el tiempo, comencé a tener dolores crónicos de cuello y espalda que no había posición ni lugar que los aliviaras. Todo el día con dolor, migrañas y luego la noche con insomnio y ansiedad.
No suena como una experiencia agradable, y te lo digo, no lo fue para nada.
En ese estado fue que encontré el trabajo somático. Y quiero aclarar que ya en años anteriores había pasado por procesos de terapia por diversas razones; también había estado en tratamiento con medicamentos psiquiátricos como los antidepresivos y ansiolíticos. A eso súmale mi constante exploración interna, los certificados de mindfulness, respiración, meditación, psicología transpersonal, abundancia y dinero, y mucho más.
Siempre he sido curiosa y he tenido una gran sed de aprender. Sobre todo, de aprender sobre mí misma, de explorar los horizontes de mi mundo interior, del funcionamiento de mi mente, mis emociones y mi cuerpo.
Creo que eso fue lo que también me llevó a estudiar psicología hace años. Me di cuenta de que el comportamiento humano, las relaciones entre las personas y la relación con nosotros mismos eran algo que quería estudiar, entender y experimentar. De una u otra manera, he dedicado mi vida justo a eso.
Todo ese camino me llevó a aprender sobre trabajo somático, su papel en la terapia de trauma y a experimentar en mí misma sus beneficios.
La razón por la cual este trabajo hizo diferencia para mí es que me mostró que llevaba años hablando y analizando, pero no actuando sobre todo ese caché de ‘sabiduría’ que había acumulado. Pero de esto te comparto más adelante en el blog.
En este artículo voy a hacer mi mejor esfuerzo por explicar, de forma sencilla, qué es el coaching somático, cuál es la diferencia entre coaching y terapia, y cuál de las dos podría servirte mejor según lo que buscas y necesitas en este momento de tu vida.
Qué es el coaching somático
"Soma" quiere decir cuerpo. El coaching somático es un acompañamiento que usa el cuerpo como punto de entrada para el cambio, no solo la conversación.
La idea de fondo es simple: muchos de nuestros patrones de comportamiento no viven en el pensamiento. Viven en la relación entre lo que pensamos, lo que sentimos como emoción, lo que sentimos como sensación física, y cómo nos movemos.
Una de las cosas que más me gusta del trabajo somático es que es muy práctico, se siente concreto.
Yo venía de explorar las emociones sobre todo hablando de ellas, y a veces sintiéndolas. Soy una persona a la que le gusta analizar, tener el control, sentir que hay una explicación racional detrás de todo. Cuando empecé a aprender y practicar metodologías somáticas, fue al mismo tiempo desconcertante y emocionante.
Era la primera vez que me daba cuenta de que había estado viviendo con una sensación constante de estar alerta a lo que los demás dijeran, pensaran o sintieran, para poder arreglarlo. Siempre tratando de estar tres pasos adelante, sobreplanificar, sobrecompensar. Pocas veces sentía que estaba del todo en el presente, porque siempre estaba pensando y preocupándome.
Y no solo me di cuenta de eso. Empecé a ver la conexión entre lo que pensaba, lo que sentía y lo que pasaba en mi cuerpo.
Lo que pensaba: "tengo que hacer todo perfecto, tengo que asegurarme de que los que están a mi alrededor se sientan bien, no puedo desagradar, no puedo pedir ayuda, siempre debo estar atenta a todo y a todos".
Lo que sentía: agitación, ansiedad, frustración, estrés, reactividad emocional, enojo, impotencia, vergüenza.
Y cómo se reflejaba en mi cuerpo: una tensión constante en la mandíbula cada vez que sentía que no podía expresar lo que necesitaba o deseaba. Una presión en el pecho por el estrés y un vacío en el estómago por la ansiedad.
Me di cuenta de que mi cuerpo vivía siempre ligeramente inclinado hacia adelante y que mi forma de moverme era acelerada; me sentía como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, siempre con prisa.
Lo segundo que el coaching somático me ayudó a ver con claridad es que todos esos comportamientos y formas de sentirme nacieron en respuesta a las circunstancias en que crecí. En algún momento me protegieron, sirvieron a un propósito. El problema es que seguían activándose mucho después de que dejaron de ser necesarios, y se habían convertido en una carga pesada que ya no quería seguir arrastrando.
Espero que este pequeño ejemplo de mi propia vida te ayude a ver con más claridad lo que implica trabajar desde el enfoque somático.
En una sesión de coaching somático prestamos atención a todo eso en tiempo real.
¿Qué está haciendo tu cuerpo ahora, mientras hablamos? ¿Qué sensación aparece cuando tocamos cierto tema? ¿Qué quiere hacer tu cuerpo y qué pasa si le damos espacio a ese impulso en vez de censurarlo?
Escuchamos la información que tu cuerpo ya te está dando y que casi nunca aprendimos a leer.
En qué se basa el coaching somático
El trabajo somático se apoya en varias dimensiones de cómo funcionamos. El [sistema nervioso] es una de ellas, importante, pero no la única. Reducir lo somático a "trabajar el sistema nervioso" deja por fuera buena parte de lo que pasa en una sesión.
Una parte es la del sistema nervioso: cuando algo se siente amenazante (una conversación difícil, una decisión, un recuerdo), el cuerpo reacciona antes de que el pensamiento alcance a opinar. Se activa, se tensa, se paraliza o cede. Tu cerebro predice en base a experiencias previas la respuesta que ha servido antes para ayudarte a ‘sobrevivir’, y esa es la que, por diseño, genera. Incluso si quizás es una respuesta que para la situación actual, ya no tiene sentido repetir.
Otra parte es la de la encarnación, o [embodiment]: cómo habitamos el cuerpo, cómo nos movemos, cómo ocupamos el espacio. La relación entre la respiración, los impulsos y las contracciones que sostenemos sin darnos cuenta. Richard Strozzi-Heckler, del Strozzi Institute, usa la palabra "shaping" para describir cómo el cuerpo toma una forma según lo que vivió: cada experiencia, buena o difícil, se va grabando como un patrón muscular casi siempre inconsciente, y con el tiempo esos patrones se vuelven nuestra manera automática de reaccionar. A esas tensiones sostenidas también se les llama [armoring].
Y hay una parte sensorimotora: cómo el cuerpo aprende y desaprende, cómo se forman rutas nuevas con la práctica.
Por ejemplo, cuando aprendes a andar en bicicleta, te montas en ella por primera vez; se siente desconocido e inestable. Pero con la repetición empiezas a mejorar; se crea una ruta neuronal, ligada directamente a cómo mueves los músculos, el balance, la relación entre afuera y adentro, la [propiocepción].
El cuerpo es nuestro vehículo para actuar e interactuar en el mundo, y además es el contenedor de todo lo que somos. Dentro de tu cuerpo habitan tus creencias, tus perspectivas, tu historia personal, pensamientos; también están tus emociones y tus órganos.
Lo que une todas estas dimensiones es una misma observación: entender el patrón de comportamiento no basta para cambiarlo. El insight vive en una parte del cerebro y la reacción vive en el cuerpo entero. Puedes tener todo el análisis del mundo y aun así tu cuerpo puede seguir actuando sobre impulsos viejos que aprendiste en tu infancia para mantenerte a salvo.
El trabajo somático ayuda a actualizar en tu cuerpo que ahora sí es seguro hacer las cosas distintas. Y esa actualización se crea a través de la repetición, hasta que lo nuevo se siente como parte de tu día a día.
Diferencia entre coaching somático y terapia
Esta es la pregunta que más me hacen, y quiero compartirte mi perspectiva sobre ello.
La terapia, dependiendo del método, se enfoca más que todo en entender el pasado. Trabaja con tu historia, tus heridas, tu niña interior, de dónde viene lo que te pasa.
El coaching somático se enfoca en el ahora y hacia adelante. Trabajamos con lo que se activa en el cuerpo en el presente, con los comportamientos que aparecen en tiempo real.
En terapia muchas veces tienes grandes ‘insights’, momentos de claridad sobre algo que venías haciendo o sintiendo. Lo que hacemos en un proceso de coaching somático, es que tomamos ese insight y lo integramos no solo a nivel mental, sino en tu cuerpo también, y además lo llevamos a la acción en el día a día.
Mi perspectiva es que hay momentos de la vida para cada cosa. Si estás procesando un trauma reciente, una pérdida, una crisis que necesita contención clínica, la terapia probablemente es el lugar. Si lo que te falta es poder tomar los aprendizajes y convertirlos en acciones concretas que cambien los resultados en tu vida personal o profesional, en eso un proceso de coaching focalizado podría ser de gran ayuda.
Y tampoco creo que tenga que ser uno u otro. Algunas de las mujeres con las que trabajo hacen las dos cosas al mismo tiempo, o hicieron terapia antes y llegan al coaching para la parte que les quedó pendiente.
Cómo funciona una sesión de coaching somático
Este es un marco (muy flexible) que me ayuda a ver de manera general la estructura del proceso.
1. Mapeo: Primero identificamos el patrón o patrones de comportamiento. Cómo se activa en tu cuerpo (en respiración, gestos, impulsos, contracciones, posturas), qué emoción carga, qué lo sostiene. En resumen, ¿cómo se ve hoy eso que te está incomodando?
Por ejemplo, muchas mujeres llegan a mí diciendo que quieren trabajar su confianza; sin embargo, decir ‘confianza’ es algo muy amplio. Cuando empezamos a mapear cuál es su experiencia alrededor de esa confianza, obtenemos la granularidad que se necesita para poder empezar a crear cambios. Entre más específico el mapa de tu experiencia personal, mejor será el resultado.
2. Liberación: A través de prácticas somáticas (movimiento, respiración, a veces tacto, regulación) le damos salida a lo que quedó atrapado y abrimos espacio para algo nuevo. Acá el cuerpo completa lo que no pudo completar en su momento. Se siente distinto a hablar sobre la emoción, porque es la emoción moviéndose, no la descripción de la emoción.
3. La práctica: Después vienen acciones pequeñas pero fuera de tu zona de confort, construidas sobre la nueva capacidad de tu cuerpo. El paso que damos es el que tu cuerpo ya puede sostener, aunque todavía dé un poco de miedo. Vamos al ritmo que aguanta, no al que dicta la prisa.
En la sesión vas a escucharme preguntar seguido "¿Qué sientes en el cuerpo cuando te digo esto?" Esa pregunta es el centro del trabajo. Tu cuerpo tiene información y estamos aprendiendo a escucharla juntas.
Lo que hacemos es escuchar y dar espacio a los impulsos que aparecen: "¿Hacia dónde se quiere mover esto que está apareciendo?"
En esos momentos suelen aparecer descubrimientos que solo salen a la luz cuando bajamos muchísimo el ritmo, dejamos silencio y damos permiso para que surja lo que quiera surgir.
Para quién es el coaching somático (y para quién no)
Es para ti si estás cansada de acumular información sobre ti misma que no se traduce en nada distinto en tu vida.
Trabajo sobre todo con mujeres en algún tipo de transición. Cambio de carrera, migración, entrada a una etapa nueva, salida de un burnout, cambio de identidad.
No es para ti si estás en una crisis que necesita contención clínica urgente, o si lo que buscas es procesar un trauma reciente.
Tampoco es para quien busca una solución rápida. Los procesos de cambio profundo llevan tiempo, energía, esfuerzo y mucha compasión. Y digo esto desde mi propia experiencia, desde todo lo que he hecho para sentirme mejor, para hacer las paces con todas mis partes.
No prometo transformaciones de la noche a la mañana porque no existen. Lo que sí existe es un proceso vivo, tan vivo como tú. Con subidas y bajadas, como las que tienen tus propios ritmos internos. Vas aprendiendo a seguir ese ritmo, a escucharlo, a sentirlo, a guiarte con él.
A construir un criterio interno para saber cuándo es miedo y cuándo es simplemente la respuesta normal de salir de tu zona de confort.
Cómo saber si estás lista para empezar
Creo que estás lista si sientes el llamado a explorar una forma distinta de relacionarte contigo misma. Ese anhelo por sentirte más en tu cuerpo, más en casa, más segura de ti, más integrada en quien eres.
Y también, si al leer esto reconociste algo en ti misma. Si notaste que hay cosas que has intentado cambiar muchas veces, con las herramientas que tenías, y aun así se siguen repitiendo. Eso te dice algo importante: el cambio que buscas vive en un lugar donde el análisis no es suficiente.
Parte del trabajo somático es justamente aprender a escuchar los impulsos del cuerpo y ver hacia dónde nos están llevando. En la sociedad en la que vivimos es muy normal que el pensamiento sea el que dirige todo. Desde la cabeza puedo decir: "estoy percibiendo que tengo hambre, pero no voy a comer ahora". "Estoy percibiendo que estoy cansada, pero no voy a descansar ahora.”
Si mientras leías esto sentiste un impulso (de explorar, de abrir, de acercarte a esto con curiosidad), ese es el mismo impulso que vamos a seguir en las sesiones.
Ese impulso que se siente que abre, en vez del que se cierra. Es el impulso hacia vivir, hacia sentir, hacia crear conexión con nosotras, otros y el espacio que habitamos.
Si te gustaría probar cómo se siente este trabajo, más abajo te dejo una práctica corta en audio.
Y si prefieres que hablemos directamente, podemos agendar una llamada gratuita de 30 minutos para ver si esto es para ti en este momento de tu vida.