Lo que no expresas igual actúa

En lo que dices y en lo que te callas. En lo que aceptas y en lo que dejas pasar. En lo que te permites y en lo que no.  

¿Qué es el coaching somático?

El coaching somático es un acompañamiento en el que el cuerpo participa del trabajo junto con la conversación.

Partimos de una situación concreta de tu vida, observamos qué hace tu cuerpo cuando te acercas a ella — la respiración que se corta, la voz que baja, el impulso que se frena — y trabajamos ahí, con práctica, hasta que una respuesta distinta empieza a estar disponible.

Casi todas las mujeres con las que trabajo llegan queriendo que la ansiedad, el enojo o la voz que critica se vayan.

El trabajo que hacemos juntas no se centra en hacer desaparecer esas emociones.

Por más que a veces lo deseemos, el enojo, la frustración, la tristeza e incluso la ansiedad — en dosis que no abruman — son respuestas naturales del cuerpo y parte de la experiencia de estar viva.

Lo que hacemos tiene dos partes.

La primera es ayudarte a estar cómoda con lo incómodo.

Eso puede ser la incertidumbre que hoy te paraliza, y también puede ser el disfrute: quedarte en algo agradable sin llevar la cuenta de cuánto te lo has ganado.

La segunda es completar los impulsos que acompañan una emoción, sobre todo los que llevan años contenidos.

Un impulso que no se expresa se desvía hacia otra parte: la reacción desmedida por algo mínimo, la copa, el scroll, el azúcar de las nueve de la noche. Todo eso regula, y las dos sabemos que su efecto dura hasta el día siguiente. El impulso sigue ahí.

En sesión no perseguimos que la sensación desaparezca. La dejamos estar, le abrimos más campo, le damos voz y espacio.

Eso es lo que más libres ha hecho sentir a las mujeres que han trabajado conmigo.

Cómo nos acercamos al cuerpo y la emoción

Tu cuerpo no responde igual que el de otra persona, y tampoco necesita el mismo punto de partida.

Yo observo contigo qué puerta tiene sentido abrir primero y desde ahí construimos el proceso.

PUERTA 01

Desde adentro

Empezamos por lo que está pasando dentro de ti: una sensación, una emoción, la respiración, tensión, presión, calor o incluso una zona de tu cuerpo que parece desconectada.

Para algunas mujeres este es el camino natural. Para otras, mirar hacia dentro al principio es demasiado intenso, y forzarlo solo crea más tensión — por eso existen las otras dos puertas.

En sesión puede verse así: notas que cuando hablas de esa conversación pendiente, el pecho se siente apretado o con un peso. Empezamos por explorar ese lugar; la sensación nos guiará a la emoción e historia que ahí persisten.

PUERTA 02

Desde el movimiento

Empezamos por lo que haces: la postura, la mirada, el volumen de la voz, la manera en que ocupas el espacio. Cambiamos algo pequeño y observamos qué se mueve por dentro.

Este camino les sirve especialmente a las mujeres que piensan rápido y sienten tarde: el movimiento llega adonde la introspección no está llegando.

En sesión puede verse así: practicas caminar por el espacio con confianza, pero al hacerlo percibes la tendencia de tu cuerpo a querer hacerse más pequeño. Ese límite es información precisa de cuánto espacio hay permiso para ocupar hoy.

PUERTA 03

Desde afuera

Empezamos por el entorno: la luz, los sonidos, las distancias, los objetos alrededor. El cuerpo se orienta primero en el espacio, y cuando lo interno abruma, lo externo da un lugar estable desde donde mirar.

Esta puerta es la menos conocida y con frecuencia la más amable para empezar..

En sesión puede verse así: antes de acercarnos a la situación difícil, encuentras en la habitación un punto que te da estabilidad. Volver a él está permitido siempre. Saber que puedes volver es lo que hace posible acercarse.

Ninguna puerta es mejor que otra, y a lo largo del proceso solemos usar las tres. Lo que importa es empezar por donde tu cuerpo y mente pueden hoy, y no por donde un método dice que se debería.

Por qué este trabajo se hace acompañada

Tu sistema nervioso aprendió a regularse en presencia de otros sistemas nerviosos y sigue funcionando así. Cuando alguien permanece estable mientras tú sientes ansiedad o estrés, tu cuerpo tiene una referencia a la que orientarse y lo percibe de manera inconsciente.

Por eso, en sesión, una de las formas en las que trabajo es haciendo las prácticas contigo, no solo guiándolas. Si trabajamos con la respiración, respiro contigo; si trabajamos con la voz, mi voz también está ahí.

Eso es lo que hace posible acercarte a algo que sola te resulta demasiado intenso.

Sola, tienes que producir la calma y notarla al mismo tiempo, lo cual es mucho pedirle a un cuerpo que ya está ocupado defendiéndose.

Qué cambia y cómo lo vas a saber

Lo que crece a lo largo del proceso es cuánto tiempo puedes quedarte en algo incómodo sin necesitar salir corriendo de ahí.

Eso suena abstracto, pero se nota en cosas muy concretas:

  • Contestas en el momento en lugar de tres días después

  • Dices que no sin ensayarlo cuarenta veces antes

  • Te quedas quieta sintiendo algo agradable sin buscar qué tienes que hacer a continuación

  • Alguien te dice algo que te molesta y lo nombras ahí mismo en lugar de tragártelo y explotar la semana siguiente

Mientras más rango emocional tienes, menos situaciones te cuestan y más posibilidades se abren en tu vida.

Para quién es este trabajo y para quién no

Hay una nueva generación de mujeres:

  • Que dice que sí a cosas que hace un año le habrían parecido demasiado para ella.

  • Que se muestra aunque no le guste a todo el mundo.

  • Que pasa una tarde o semana entera sin producir nada, con la tranquilidad de que no le debe explicaciones a nadie.

  • Que antes de decidir se pregunta qué quiere ella, y no qué se espera.

  • Que dejó de tratar su cuerpo como un proyecto de mejora y hoy lo escucha antes de decidir.

Si esa es la mujer que ves cuando te imaginas de aquí a dos años, pero hoy:

  • Dejas pasar la oportunidad que te ilusiona porque no te sientes lista

  • Revisas un mensaje tres veces antes de mandarlo

  • Llenas el domingo de actividades porque no puedes descansar sin culpa

  • Dices que sí a lo que no querías con tal de no incomodar a nadie

  • Y te enteras de lo que tu cuerpo venía avisando cuando ya se convirtió en dolor crónico…

La distancia entre las dos es más corta de lo que se siente.

Ese cambio empieza por practicar no solo en palabras sino en el cuerpo, la experiencia de ser esa mujer.